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Ladrones de nubes en Granada y Almería04/27/2016

En el país de la Gürtel y los ERE falsos, los papeles de Panamá y las tarjetas ?black?, parece que no hay sitio para nuevos chorizos. Pero cada vez más dedos acusan a un tipo de bandidos para cuya existencia no estábamos preparados: los ladrones de nubes. En Granada, Almería y Murcia, los agricultores están en pie de guerra contra unas avionetas que, supuestamente, echan a volar en días nublados y disuelven con productos químicos cirros, cúmulos y estratos. Según ellos, provocan una sequía que está arruinado los cultivos de cereal, olivo y almendro en miles de hectáreas. Hasta ahora, sus denuncias se han archivado y la Agencia Estatal de Meteorología les toma por «chalados», afirman. Los científicos lo tienen clarísimo:las técnicas de geoingeniería permiten manipular el clima, pero justo en el sentido contrario. El sembrado de nubes o ?cloudseeding? puede precipitar la lluvia o reducir los daños de una tormenta de granizo, pero no hacer desaparecer del cielo cientos de toneladas de agua como por arte de magia.

El tema no es nuevo y las armas no siempre han sido judiciales. En 1985, un agricultor de Lorca (Murcia) disparó con su escopeta contra un aparato que volaba bajo. Sus ocupantes, una pareja de turistas alemanes, tuvieron que realizar un aterrizaje forzoso al borde del infarto.

Treinta años después, las cosas siguen igual. O quizá peor, porque ahora algunos relacionan esos presuntos vuelos con los llamados ?chemtrails?: ven en las estelas de condensación de vapor de agua dejadas por los aviones la huella de productos altamente tóxicos. Algún malvado estaría fumigando con intenciones perversas (y misteriosas).

El problema es que la sequía es real. Trágicamente real. «En esta zona lo habitual es que caigan entre 180 y 200 litros de octubre a abril. Este año llevamos poco más de 40», cuenta Luis Ramírez, presidente de la Plataforma en Defensa del Medio Ambiente y la Naturaleza en las comarcas del Marquesado (Granada) y el Río Nacimiento (Almería). Él tiene una treintena de hectáreas de cultivos de secano y colmenas de abejas en Huéneja. «Este año no se va a segar nada de cereal y los ganaderos ya no tienen pastos. Es la ruina», lamenta. «Desde 2014 se han arrancado en la Región cuatro millones de almendros», apostilla Pedro Guerrero, directivo de la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (Fecoam).

Lechuga contra cebada

Ambos reconocen que no tienen pruebas. Las aeronaves «se sienten», pero raramente se ven. Como en las historias de detectives, para saber quién podría estar detrás de los supuestos vuelos es clave averiguar quién sale beneficiado de que el cielo luzca azul. Las sospechas apuntan, en primer lugar, a los regadíos, en particular a los cultivos de frutas y hortalizas al aire libre, más vulnerables a la lluvia y el granizo. Lechuga contra cebada, cherry frente a almendra, melocotón versus olivo. En el Marquesado, una empresa especializada en ensaladas de bolsa tiene 400 hectáreas regadas con agua subterránea. Cuando vuela la ?rompenubes?, dicen los lugareños, su efecto alcanza a toda la comarca. «Los agricultores de alrededor se arruinan y no tienen más remedio que alquilar sus tierras baratas. Solo resistimos cuatro quijotes. Así se van extendiendo como una mancha de aceite. Y cuando sequen el acuífero, se largarán», pronostica Ramírez.

Pero hay más candidatos a villano. Los rumores apuntan a parques solares que no quieren obstáculos entre el Sol y sus paneles; compañías aseguradoras deseosas de ahorrarse indemnizaciones por tormentas dañinas; cerebros maquiavélicos de la seguridad que buscan despejar el cielo en una zona conflictiva; el sector turístico de sol y playa, que promete 300 días al año sin nubes; y la industria farmacéutica, que no guarda ninguna relación con el asunto pero es el chivo expiatorio favorito de los creyentes en la teoría de la conspiración.

Y aún hay alguno más: la agencia británica Oliver?s Travels garantiza a sus clientes una preciosa boda soleada en Francia por el módico precio de 100.000 euros.

En las tres últimas décadas se han llevado a cabo muchas iniciativas para localizar e identificar a las avionetas ?rompenubes?. Sin éxito. El asunto llegó al Senado y ha sido objeto de varias denuncias archivadas por la Fiscalía, primero en Granada y después en Murcia. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil está dispuesto a investigar, aunque los vuelos por debajo de los 3.000 pies no necesitan una autorización especial. Nadie ha podido probar su existencia. Nunca.

La ciencia lleva más de medio siglo estudiando cómo manipular el clima y sus resultados han sido más bien modestos. «Para que haya lluvia hace falta que haya polvo en suspensión. Las gotas se forman alrededor de un sólido microscópico», explica el profesor de Química Física de la Universidad de Barcelona Xavier Giménez Font. El ?sembrado? de nubes de

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